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sábado, 12 de septiembre de 2009

[Poesia] Muertos Estaban los Míos (Khalil Gibran)



MUERTOS ESTABAN LOS MÍOS

(Escrito en el exilio, durante el hambre en Siria)



Khalil Gibran



"PRIMERA GUERRA MUNDIAL"



Los míos se han ido, pero yo aún existo
Llorándolos en soledad...
Muertos están mis amigos y por su
Muerte mi vida es nada más que un gran
Desastre.

Las colinas de mi país están inmersas
En lágrimas y sangre, pues se han ido los míos
y mis amados, y yo estoy aquí
Viviendo como lo hacía cuando los míos y mis
Amados disfrutaban de la vida y sus
Alegrías, y cuando las colinas de
Mi país estaban benditas y rodeadas
Por la luz del sol.
Los míos murieron de hambre, y aquel que
No pereció de inanición fue despedazado
Por la espada; y aquí estoy yo
En esta tierra distante, vagando
Entre gente feliz que duerme
Sobre lechos mullidos y que sonríe al día,
Y el día les sonríe.

Los míos tuvieron una muerte dolorosa
Y vergonzosa, y aquí estoy yo viviendo en la paz
Y la abundancia... Es esta una gran tragedia
Siempre representada en el escenario de mi
Corazón; a muy pocos les importa presenciar el
Drama, pues los míos son como pájaros
Con las alas rotas que la bandada deja atrás.

Si estuviera hambriento y viviera entre mi
Famélico pueblo, y si fuera perseguido junto con
Mis oprimidos compatriotas, la carga
De estos días negros pesaría menos
Sobre mis desasosegados sueños, y la
Oscuridad de la noche sería menos
Sombría ante mis hundidos ojos y mi
Apesadumbrado corazón y mi alma herida.

Porque aquel que comparte con los suyos
Los pesares y agonías sentirá el
Supremo alivio que sólo el sufrimiento
Y el sacrificio engendran. Y estará
En paz consigo mismo cuando muera,
Inocente junto a sus compañeros inocentes.

Pero no vivo con mi hambriento
Y perseguido pueblo, que camina
En el cortejo de la muerte hacia el
Martirio... Estoy aquí, al otro lado
Del ancho mar, viviendo a la sombra de la
Tranquilidad, y a la luz de la
Paz... Estoy distante de la triste
Arena y de los acongojados, y de nada
Puedo enorgullecerme, ni siquiera de mis propias
Lágrimas.

¿Qué puede hacer un hijo exilado por
Su hambriento pueblo, y de qué vale
Para su pueblo el lamento de un
Poeta ausente?

Si yo fuera una mazorca de maíz plantada en la tierra
De mi país, los niños hambrientos me
Seguirían para alejar con mis granos
La mano de la Muerte de su alma. Si fuera
Un fruto maduro de los jardines de mi país
Las hambrientas mujeres me arrancarían
Para alimentar la vida. Si fuera
Un pájaro volando en el cielo de mi país,
Mis hambrientos hermanos me darían caza y
Con la carne de mi cuerpo alejarían de
Sus cuerpos la sombra de la tumba.

Pero ¡Ay de mí! No soy una mazorca de maíz
Plantada en las llanuras de Siria, ni un
Maduro fruto de los valles del Líbano:
Esta es mi desventura, la muda calamidad
Que me humilla ante mi alma
Y ante los fantasmas de la noche...

Esta es la dolorosa tragedia que atiesa mi lengua
Y maniata mis brazos y me apresa, despojado
de fuerza, acción y voluntad.
Esta es la maldición marcada a fuego
Sobre mi frente
Ante Dios y ante los hombres.

Y a menudo me han dicho:
"La desventura de tu país no es
nada comparada con la calamidad que aqueja
Al Mundo, y las lágrimas y la sangre vertidas
Por tu pueblo no son nada comparadas
con los ríos de sangre y lágrimas
Derramados cada día y cada noche en los
Valles y llanuras de la tierra.

Sí, pero la muerte de los míos es
Una silenciosa acusación; es un crimen
Concebido por la mente de invisibles
Serpientes... Una tragedia sin
Música ni decorados... Y si los míos
Hubieran atacado a los déspotas
Y opresores para morir como rebeldes,

Yo hubiera dicho: "Morir por
La libertad es más noble que vivir a la
Sombra de la débil sumisión, porque
Aquel que abrace a la muerte con la espada
De la Verdad en la mano, se eternizará
En la Eternidad de la Verdad, pues la Vida
Es más débil que la Muerte, y la Muerte
Más débil que la Verdad.

Si mi nación hubiera participado en la guerra
De todas las naciones y hubiera muerto en el
Campo de batalla, yo diría que fue
La rugiente tempestad quien quebró
Con su furia las tiernas ramas; y una
Muerte violenta bajo un cielo de
Tormenta es más noble que morir
Lentamente en los brazos de la senilidad.
Pero no hubo salvación de esas
Fauces... Los míos cayeron
Y lloraron con los sollozantes ángeles.

Si un terremoto hubiera desgarrado
A mi país en dos y la tierra hubiera
Engullido a los míos en su seno,
Yo hubiera dicho: "Una gran ley misteriosa
Ha actuado por voluntad de la fuerza divina,
Y sería una locura si nosotros
Frágiles mortales, intentáramos escudriñar
Sus profundos secretos..."

Pero los míos no murieron en rebeldía;
No los mataron en el campo
De batalla; ni tampoco un terremoto
Destrozó mi país para avasallarlos.
La muerte fue su único salvador, y
El hambre su único menoscabo.

Los míos murieron en la cruz...
Murieron con las manos
Extendidas hacia Oriente y Occidente,
Mientras los despojos de sus ojos
Miraban la oscuridad del
Firmamento... Murieron en silencio.
Pues la humanidad había cerrado sus oídos
A sus gritos. Murieron por no
Favorecer a su enemigo.
Murieron por amar a sus
Vecinos. Murieron por depositar
Su confianza en la humanidad.
Murieron por no oprimir
Al opresor. Murieron
Porque eran las flores
Aplastadas, y no los aplastantes pies.
Murieron porque eran pacíficos.

Perecieron de hambre en una tierra
Rica en leche y miel.
Murieron porque se levantaron
Los monstruos del infierno y destruyeron
Todo lo que crecía en sus campos,
Y devoraron sus últimas reservas...
Murieron porque las víboras y
Los hijos de las víboras escupieron veneno
En el espacio donde los Cedros Sagrados y
Las rosas y el jazmín exhalaban
Su fragancia...
Los míos y los tuyos, Hermano
Sirio, están muertos... ¿Qué se puede
Hacer por los que mueren? Nuestros
Lamentos no paliarán su
Hambre y nuestras lágrimas no saciarán
Su sed; ¿Qué podemos hacer para
Salvarlos de la férreas garras del
Hambre? Hermano mío, la bondad
Que te impele a ofrecer una parte de tu vida
A cualquier ser humano que esté en
Camino de perder su vida, es la única virtud Que te hace digno de la luz del
Día y la paz de la
Noche... Recuerda, hermano mío,
Que la moneda que dejas caer en
La marchita mano que se tiende hacia
Ti es la única cadena de oro que
Enlaza tu rico corazón
Con el amante corazón de Dios.



Khalil Gibran


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