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miércoles, 11 de agosto de 2010

Daniel Barenboim en Caracas embelesado con nuestro Sistema de Orquestas






Noticias

Barenboim embelesado

11.Ago.2010 / 05:56 pm


Este miércoles 11 de agosto, en el Centro Académico Infantil de Montalbán, los niños de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela no tuvieron una mañana común de las que suelen tener en los seminarios de práctica orquestal: tenían en frente a Gustavo Dudamel y minutos más tarde tocarían para el reconocido director Daniel Barenboim, quien visita por cuarta vez el país, en esta oportunidad con la Orquesta West Eastern Divan en la que se unen españoles, palestinos e israelíes y otros músicos del Oriente Medio.

Minutos después de las 10:00 am comenzaron a entrar a la sala de ensayo los miembros de la Orquesta West Eastern Divan. No podían creer lo que veían: más de 300 niños se disponían apretados en el salón. Sacaron sus cámaras para fotografiar y dejar por sentado que no se trataba de una ilusión, comenzaron a contar los integrantes de cada fila de instrumentos e intercambiaban los hallazgos numéricos como si se trata del descubrimiento de un hueso de dinosaurio nunca visto. “No puedo creer esto. Es una orquesta demasiado grande para ser una orquesta de niños. Nunca en mi vida había visto algo así”, dijo Nadim Housni, violista proveniente de Siria.

Cuando entró Daniel Barenboim, los niños lo recibieron con gritos de fans. No lo hicieron esperar. El maestro Dudamel se paró sobre el podio para dirigir la Sinfonía Nº 1 Titán de Mahler con la que esta nueva generación de la Nacional Infantil se estrenó el pasado 4 de julio, en el Aula Magna de la UCV, bajo la batuta del maestro Sir Simon Rattle.

Barenboim se pasó para la última fila. Quería ver a toda la orquesta. Abrió espacio entre sus músicos y se sentó. Permaneció por minutos boquiabierto, diseccionando la orquesta con sus ojos inquietos. Cuando los cellos tocaron su solo en el primer movimiento, Barenboim se llevó la mano a la boca como el que no se cree lo que escucha. Se pasó para adelante nuevamente y se dejó llevar por la música. Movía la cabeza con movimientos sutiles, pero como si con ella estuviera dirigiendo. Escuchó luego desde la primera fila; atento. Si los músicos de la West Eastern Divan estaban asombrados al principio, el efecto posterior se tradujo en gestos como agarrarse la cabeza con cara de incredulidad, secarse los ojos aguados, suspirar…

Al final de la obra, los músicos invitados se pararon sobre las sillas para aplaudir a los niños venezolanos. El concertino Samuel Vargas Texeira, de 14 años y procedente de Acarigua (Portuguesa), le entregó la chaqueta con los colores de la bandera venezolana al director, quien sin pensarlo dos veces lo alzó y lo abrazó, como también lo hizo con María Victoria, la niña del tercer atril de los primeros violines a la que difícilmente le llegan los pies al suelo cuando se sienta a tocar.

“Vine hace 10 años a Venezuela y escuché unos chicos dirigidos por un joven desconocido que se llama Dudamel. Me dejó impresionadísimo lo que habían hecho y ahora veo esto y me quedo sin palabras. Ojalá esto se vuelva más y más contagioso en el mundo porque es un ejemplo único. Este proyecto visionario le da su valor más profundo y grande a la música. Estos niños lo hacen además de todo con el entusiasmo y con una grandísima profesionalidad”, señaló Daniel Barenboim.

El maestro José Antonio Abreu le propuso hacer un proyecto conjunto entre el Sistema de Orquestas y coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y la West Eastern Divan. “La idea es naturalmente justa, dijo Barenboim. Son los únicos proyectos que yo conozco que dan a la música ese lugar en la sociedad y que acentúan el mensaje humano de la música, que puede ser distinta para cada quién pero que tiene una cosa segura: tiene algo que ver con la condición humana. Mahler, al que acabamos de escuchar, o Beethoven, que tocamos anoche, no sólo fueron expertos en armonía, contrapunto y ritmo, tenían algo importante que decir, no más que lo decían con el sonido”, explicó Barenboim.

“No se puede explicar con palabras lo que significa la Primera Sinfonía de Mahler. Si alguien aquí puede explicar lo que significa no habría necesidad de tocarla, pero el hecho de que no se pueda explicar con palabras no quiere decir que no tenga contenido y cualquier contenido tiene que ver con la condición humana. No se puede dejar que la música se convierta en un tema de profesionalismo o virtuosismo y la visión del maestro Abreu tiene que ver con esto. En ese sentido, tiene que inspirar a todos”, agregó el artista.

Al ser consultado sobre el poder de la música para mediar en divisiones políticas, raciales, entre otras, el músico señaló: “la música no se puede utilizar para nada. A lo mejor otros piensan de manera diferente, pero un proyecto como el del maestro Abreu le da a la música su verdadera dimensión que es muy grande. El resultado de esto es lo que logra todo lo demás. A la música sólo hay que darle su lugar en la vida social para que, entonces, el efecto sea enorme. Lo maravilloso de esto es que a los dos minutos a uno se olvida de todo y escucha la música al nivel que está tocada”.

“La genialidad de este proyecto es hacer la música al más alto nivel y haciéndolo así se le da una dimensión social tan enorme que transforma la sociedad. El Medio Oriente tiene una situación muy compleja. El diván no va a dar la solución para cambiar el Medio Oriente, pero el día que cambie va a necesitar el diván”, reiteró el maestro, ganador este año de Premio Herbert von Karajan.

José Antonio Abreu anunció la creación de una sala de conciertos con el nombre de Daniel Barenboim como parte del Centro de Acción Social por la Música que se construye en Quebrada Honda, Los Caobos.

El músico argentino israelí, que visita por cuarta vez el país, señaló que aspira venir pronto. Antes de despedirse de los niños les dijo que le gustaría venir a dirigir a la Sinfónica Nacional Infantil que hoy puso un peldaño más en su historia. Mientras Barenboim, declaraba a la prensa, sonaba el Mambo de Leonard Berstein al fondo. Los grados centígrados marcaban un punto alto, pero ni el músico ni los integrantes de su orquesta se quitaban la chaqueta con el nombre de VENEZUELA escrito en mayúscula.

Una hora más tarde, el reconocido director iniciaba una veloz clase magistral con los integrantes de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en la que dirigió la Quinta Sinfonía de Beethoven.

La noche del martes Barenboim dejó a los venezolanos un concierto de antología en la que la West Eastern Divan interpretó la Sinfonía Nº1 y la Sinfonía Nº 3 de Beethoven.









Fuente:
http://www.chavez.org.ve/temas/noticias/barenboim-embelesado


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